martes, 15 de marzo de 2011

Japón, alarma nuclear


Primero fue Chernobil y ahora Fukushima. Como en el Prestige, primero son unos hilillos de nada y más tarde se disparan todas las alarmas. La radioactividad no entiende de política ni fronteras: un barco de EEUU se aleja de la costa al detectar que los marines están contaminados; el radio se amplía 10-20-30-¿? kilómetros de la central; cierren puertas y ventanas y no salgan de sus casas, no tiendan la ropa, no respiren…y las partículas tóxicas llegan a Tokio, a 240 kilómetros de distancia. Se reparten mascarillas y pastillas de yodo. Mientras tanto, las réplicas no cesan, la tierra no para de temblar y la isla se ha desplazado cuatro metros.

A los daños del terremoto y el tsunami, aún sin cuantificar, se unen los efectos de la catástrofe nuclear. Haciéndose  el harakiri están los 50 que siguen en la central, dispuestos a morir o mutar por evitar una nueva explosión, la fusión nuclear, el desastre total, vaya. Y sus habitantes tiemblan pensando en las consecuencias a medio y largo plazo que tendrá para las generaciones venideras.

Da mucho que pensar. Un país cuya superficie es poco más que Alemania y que tiene un poco menos de población que toda Rusia, acostumbrado a terremotos y sacudidas, preparado como ningún otro, civilizado como ninguno, ve como se tambalean sus cimientos económicos, sus infraestructuras, su organizado modo de vida. La riqueza nipona, la tecnología, el móvil, la informática, el índice Nikkei, la bolsa de Tokio, el mapa de sus sonidos, el sushi, las geishas, el emperador…no significan nada cuando la muerte acecha.

Olvidamos que estamos de paso en este planeta. Creemos que podemos dominar las fuerzas de la Naturaleza y tal vez sobrevivamos a ellas, pero nos negamos a reconocer el daño que hacemos a nuestro ecosistema con la sobreexplotación de sus recursos naturales, con el derroche energético del primer mundo. Ya, ya, aquí todos vivimos muy bien y nadie quiere renunciar a nada, ni al coche, ni a la electricidad, ni al consumo desmesurado. Pero hubo un día en que salimos a la calle, ¿Nucleares? No, gracias, era el lema. ¿Se acuerda? Por algo era... 

1 comentario:

Julio César Martínez G. dijo...

Sra. Excelente su análisis de la situación en Japón ha raíz del accidente en la Planta nuclear, hoy día, los presidentes de Rusia y EUA están muy asustados por las consecuencias directas sobre los ciudadanos de sus países. Y si no lo están, en algunas semanas, sí lo estarán.