jueves, 20 de mayo de 2010

El Gobierno, la mona y el cerdo

Cuando terminé la carrera de Geografía e Historia, en 1984, el paro en España rondaba el 20% y los integrantes de la generación del baby boom llegábamos a un mercado de trabajo en crisis y conmocionado por los recortes en todos los sectores que supuso la entrada en la Comunidad Europea. En mi orla hay noventa personas, seguramente acabáramos quinto curso más de cien. Este año no llegan a treinta los matriculados en primero. No había muchas opciones y la competencia era numerosa. De hecho, de los noventa, trabajaremos en la administración pública un veinte por ciento y sólo tres ejerciendo como profesores de esa disciplina. Hay que decir que estudié siempre con beca, eso supuso que jamás me pude permitir suspender una asignatura en junio.

Sacar unas oposiciones no es fácil, tanto por el elevado número de opositores que se presentan como por el temario y los años de estudio que supone. Y en la Administración se entra por oposición libre, ese enchufismo del que se habla alegremente corresponde a los asesores, gabinetes y demás personal temporal que arrastran consigo los políticos en cada legislatura. Están un tiempo y se van, no se confundan, no quedan para siempre. Y seguramente puedan ser menos y hasta cobrar menos, no se lo discuto, es más, lo comparto.

Pero quienes si permanecemos (y veremos, dijo el ciego antes de que le sacaran los ojos) somos los empleados públicos: administrativos, bibliotecarios, enseñantes, sanitarios, cuerpos y fuerzas de seguridad… gente que entró por oposición, que estudiaba mientras otros se rascaban la tripa, cuyo salario permaneció congelado en los tiempos de bonanza, que lleva años perdiendo poder adquisitivo frente a otros colectivos, con sueldos que en un 70% no llegan a 1.300 euros y que pagan religiosamente sus impuestos. Sin contar con que la mayoría son interinos...

Y oiga, nosotros no provocamos la crisis, que lo sepa. La burbuja no fue creación nuestra, sino de empresarios como Díaz Ferrán y de banqueros como Botín, que ahora aplauden con las orejas las medidas. No dudaron en pedir ayudas estatales cuando sus negocios de humo fueron mal y entre todos pagamos la crisis que provocaron. ¿Por qué no repartieron sus ganancias entonces? ¿Dónde está ahora su solidaridad? ¿Van a prescindir los directivos de sus sueldos millonarios y donarlos al Estado? ¿Devolverán los políticos corruptos el dinero estafado? ¿Nos hemos convertido los empleados públicos en chivos expiatorios a falta de judíos? ¿Para cuando la estrella amarilla y el escarmiento en la hoguera? ¿Realmente, suprimir el chocolate del loro va a arreglar la economía familiar?

Y aún falta la reforma laboral, prepárense y pongan las barbas a remojar.

PD: Recomiendo la lectura de la fábula del oso, la mona y cerdo:

"Cuando me desaprobaba
la mona, llegué a dudar;
mas ya que el cerdo me alaba,
muy mal debo de bailar."

5 comentarios:

jordim dijo...

Lo tenemos claro algunos... Los empresarios, de ellos dependemos? Pues eso, clarísimo.

Anónimo dijo...

Como funcionario, opino muy parecido a tí; como hombre de izquierdas -más bien como persona con sentido de justicia- me repugna esta frase tuya "que estudiaba mientras otros se rascaban la tripa". Es tan horrible esa afirmación como todas las que lleva arrastrando el funcionariado a lo largo de los años. La tripa se la han rascado algunos,seguro, pero otros simplemente no han podido hacerlo;no han tenido acceso a ciertas oportunidades o simplemente han optado por otro camino.
Lo que no tiene que hacer esta horrible medida de este gobierno garrapatero, es poner al pueblo a sacarse los ojos los unos a los otros. Ni los funcionarios somos unos acomodados millonarios (no sé tú) ni la tendera de enfrente se rascó la barriga en su juventud.
¿Te veré en la calle ahora, codo con codo con esa tendera?
Dicen: divide y vencerás. Tú eres más lista que eso, que no te pueda la rabia.

Un funcionario y su mujer, la tendera.

Anónimo dijo...

Entiendo a la autora, hay que ponerse en 1984 y recordar aquel otrora escenario orwelliano entre la gente que tenía 24-28 años. La heroína arrasaba y poco después dejaría un rosario de víctimas, el paro juvenil era espectral con tasas del 60% , la condición actual de becario o mileurista era entonces un sueño y los pocos trabajos eran de ochenta mil pesetas equivalentes a los actuales becarios. Los que sobrevivieron, fue presentandose a un absurdo sistema de oposiciones, heredando el puesto de trabajo del padre, vigilante jurado, camarero ... pero todos rascándonos, unos absurdamente la cabeza, otro estoicamente la tripa. Porque solo había lugar a rascarse, y rascarse, una vez consumada la traición de la izquierda vendida a la especulación del suelo y a la especulación financiera. Democracia de banqueros y constructores, somos. Y nos vemos ahora con perspectiva, en la España turbia del especulador, del intermediario, del estraperlista en sus nuevas formas, del cacique y de la casta como régimen político. En fin, quizá haya nuevas oportunidades, para en el futuro intentar lo que soñábamos, tener lo mejor de holandeses, suecos, noruegos, sin dejar de ser nosotros mismos. Y los funcionarios, como los demás, contrato laboral y supresión del sistema de oposiciones. A vivir y a trabajar, que son cuatro días.

Enrique dijo...

http://www.madridiario.es/2010/Mayo/opinion/pedro-fernandez-vicente/187121/pedro-fernandez-vicente.html

Interesante opinión y no de un funcionario

Elena E. Rodriguez Diaz dijo...

Enhorabuena, Pilar, por este interesante blog. Me alegro de haberlo encontrado y de saber de tí después de tantos años. Sé que eres persona conocida en Asturias y, al principio, sabía de ti por tus libros. Después, con kilómetros y años de por medio, te perdí la pista. Seguramente no me recordarás, pero fuimos compañeras de carrera, de promoción y vecinas de barrio y de calle en nuestra infancia. También soy funcionaria, con mucho trabajo a las espaldas y muchas dificultades salvadas sólo a base de trabajar, que por dedicarme a mi especialidad y poder ejercer en aquello para lo que me formé, me vi obligada a abandonar Asturias y a trasladarme a la otra punta de España. Pertenezco a la minoría que mencionas, a los que nos dedicamos a la carrera elegida, pero no por haber tenido “mucha suerte” como algunos han llegado a decirme, sino a fuerza de estudiar mucho, de trabajar mucho y de sacrificar muchas cosas. He recogido frutos, es cierto, pero a costa de dejar jirones de mi vida por el camino. Por eso, es intolerable que se nos maltrate como hacen unos y otros, desde los de los chistes insultantes que meten a todos en el mismo saco, hasta los que hoy se están alegrando por el recorte que vamos a sufrir, pasando por el abuso que los gobernantes han cometido con nosotros una vez más que, por desgracia, es la vez más grave hasta el momento. Suscribo palabra a palabra y letra a letra tu opinión (no sólo en este artículo). Me alegro de haber encontrado tu blog. Mis más cordiales saludos.